Cultura para unos, negocios para otros
La FILBo está organizada mediante una división de responsabilidades que termina fragmentando también la rendición de cuentas. La cultura se presenta como misión pública; el negocio, como éxito colectivo; pero la información económica, espacial y comercial permanece dispersa o condicionada. Esa asimetría no afecta a todos por igual: perjudica especialmente a quienes tienen menos capital, menos personal y menos acceso previo al centro de decisión.